lunes, 26 de mayo de 2014

RUTINA DE UN LUNES

Gaonera de Caballero / LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Amanece el lunes y al madrileño se le pone cara de rutina, de ir por ir, de hacer por hacer, de vivir por vivir. Si hay que montarse en metro, pues se monta. Que eres de los que todavía tiene curro, curras. Que estudias, a clase. Que te invitan a los toros, pues se va, que es San Isidro. Para los novilleros no hay rutinas, ni lunes, ni martes, ni fiestas de guardar. Para un novillero, según están las cosas, el día de torear es el gran día. Y el día de torear en Las Ventas es el día definitivo, así, tan duro y cruel como eso. Y el día definitivo de Román, Gonzalo Caballero y Posada de Maravillas era un lunes de rutina.


Para salir de la rutina, para captar las miradas, para llamar la atención, un capote de paseo con el escudo del Atleti abrigaba al valiente Gonzalo Caballero, novillero obsesionado con llamar la atención, que no es mala obsesión para los artistas. Gonzalo Caballero es capaz de llamar la atención con el capote del Atleti, pero también con los micros cuando dice que no tiene para comer aunque vista de torero como un matador. Pero también llama la atención por su desdén a la hora de jugarse la vida. No es rutinario que un chico de 22 años clave zapatillas en el centro de Madrid y se deje pasar al novillo, como una bala, a centímetros de los muslos. Pero a Gonzalo Caballero se le ocurrió semejante atrevimiento, en su turno de quites, por gaoneras ceñidas y rematadas en un lunes de rutina. Ese mismo novillo, primero de la tarde, alto, feo, cornidelantero y listo se doctoró en latín. Y su matador, Román Collado, es de esta nueva generación que aprende idiomas varios pero en uso. Total, que una pelea rutinaria, con voltereta incluída, entre un novillo malo y un novillero que derrocha garra.

Es rutinario que detrás del primer novillo salga el segundo, también en los lunes rutinarios como este. El novillero empeñado en salir de la rutina era Gonzalo Caballero, claramente. Su inicio de muleta al alto y estrecho segundo se salió del molde por decidido, limpio, desmayado y ajustado, torero. El toreo sin que haya que torear si por torear entendemos enganchar, templar, tirar y vaciar. Cuando hubo que cumplir con estos verbos, el trasteo ya era propio de un lunes de rutina, anodino, gris. Es que el novillo salía con la cara a su aire. Cierto. Tan cierto como que vencía la rutina.

Saltó el tercero y su sola presencia se salía de lo rutinario. Y es que ese tercero de Guadaira, castaño, de estrechas sienes, de puntas cerrando, de 450 kilos, de cuello largo, era como el prototipo de animal que sueña un torero para que te toque en Madrid. El sueño se le cumplió a Posada de Maravillas, que lanceó con su aire, con su apostura, con su estética elegante, garbosa, personal y un tanto añeja. La belleza del novillo se iba tornando en embestida profunda y esperanzadora, sobre todo por el pitón izquierdo, el de la mano buena de Posada. Quién sabe si por ser lunes o por estar en Madrid y eso no es rutinario, el pitón izquierdo venció a Posada. Quería Posada dejar su impronta, iluminar con su estética, pero el novillo iba por un lado y la muleta por otro y la rutina se los devoró.

Como devoró a Román, que volvió a batallar con el cuarto, otro bello ejemplar de los que salen pocos en este escenario. Este iba y venía, con menos clase, con más brío, con menos profundidad que el tercero, con más velocidad, con menos entrega, pero obedeciendo. Y el experto Román comprobó cómo en Madrid hay tardes que se escapan entre los dedos por más que trates de aferrarte a ellas. A muchos novilleros les pasó. De hecho, es casi una rutina.

También la rutina se merendó a Gonzalo Caballero, que venía a comerse el mundo, que tenía claro que se lo iba a comer y que un bicho rutinario, anodino, de los muchos que salen a esta plaza, le espantó cualquier atisbo de ilusión por sacar al personal de su cómoda y aburrida rutina. A Posada, al menos en alma, ya se lo había tragado el buen tercero. El cuerpo de Posada cumplió con el trámite de trastear al vulgar sexto. Lo mejor, la estocada.

Por la puerta de arrastre se fueron los novilleros. Por los vomitorios, el público. Todos sentían una enorme carga a sus espaldas. Era el peso de la rutina cebándose en lunes.



FICHA
Plaza de toros Las Ventas de Madrid. 18ª de San Isidro 2014. Novillos de Guadaira y Montealto (4º, 5º y 6º), de poco juego en conjunto. Mejores el segundo, que duró poco y no humilló; el tercero, que tuvo un notable pitón izquierdo; y cuarto, que se movió con obediencia y falta de clase.
Román (marino y oro), silencio en su lote.
Gonzalo Caballero (marino y oro), ovación con saludos y silencio.
Posada de Maravillas (añil y oro), silencio y silencio tras aviso.
Entrada: Tres cuartos.