jueves, 15 de mayo de 2014

LA DISTANCIA HACE EL CARIÑO

Ponce, con el cuarto / Foto: Las-ventas.com
Por Javier Hernández - @javihernandez76

El refranero español ha cambiado. Del roce hace el cariño y una cosa lleva a la otra hemos pasado a lo contrario. Un lustro sin ver a Ponce por estos duros pagos y, al volver, todo arrumacos. ¿Se acuerdan de cómo era antes? Cuando Ponce pisaba Madrid dos o tres veces por año venían todos con una leche… Desde El Chinchetas hasta La Vinagre. Media década después, al Chinchetas lo conocen como don Suave y la Vinagre le ha cedido su abono a Pitusa, que no para de cascar por lo bajini con Cari, Cuchi y Chuchi. Qué agobio, chica. Del "Ponce veteyaaaa" a sacarlo a saludar tras el paseíllo, media década de ausencia. Vamos, que si pintan la alfombra venteña de gris oscuro y se oye un Patxi pues te crees que estás en el mismito Bilbao.


Y el cariño que ahora sí muestra Madrid por Ponce fue correspondido luego por el de Chiva como lo hace una figura del toreo: marcando la diferencia.

Había empezado por abajo al bueno y flojo segundo, como si Ponce fuese torpe. Lo había toreado mucho a derechas y poco a izquierdas, por donde siempre fue mejor el tullidete burel, como si Ponce fuese un torpe. Pero por muy torpe que pareciese el inteligentísimo Ponce, ni un mal gesto, ni un pito, si acaso algún recuerdo del gritón de siempre con su consabido “¡picoooo!”. Hace un quinquenio hubiese ardido Troya por los tropiezos del débil castaño de Victoriano y por la torpeza inducida de Ponce. La distancia, que no el roce, hace el cariño. Ya ven.

En esas, el cuarto de la tarde. Toro más toro que ninguno de los ya corridos. De los toros que, por corpachón y mirada de tío, le gustaba ver salir al Chinchetas. Toro espeso en todo, oscuro, remolón. Pero llegó el mestre valençiá y tiró de fondo de armario, rindió pleitesía al Nobel presente, Mario Vargas Llosa, sopló su cambio de mano sempiterno y mayestático, susurró tres letanías y, a partir de ahí, armó un trasteo de limpia estética y más que aparente entrega. Trasteo tan bueno como este, hace un lustro habría alterado a la Vinagre. Ahora, Pitusa, Cari, Cuchi y Chuchi decían que iba para oreja. Para dos, sentenció indignado don Suave. Sí, sí, el Chinchetas de antaño. Gustó Ponce hasta que cogió la espada y marró, quien sabe si por el recuerdo amargo de la tremenda cornada de Fallas. Saludó ovación tras aviso, cosas de la distancia, cosas del te eché de menos.

Y si Castella se llevó el lote invisible, uno fundido y otro acometedor y mentiroso que no cameló al apocado francés, el confirmante David Galán se llevó un lote para triunfar. El burraco abreplaza se puso a galopar cuando había hueco y a humillar profundo, empujando por abajo, cuando lo cogían de cerquita. Había descabalgado al piquero con estrépito, sembró el desconcierto y fue poco castigado, que también ayudó. El caso es que el hijo de aquel risueño y bragado Antonio José Galán confirmó con luces de temple austero, por momentos, y con sombras por la falta de uso. Y con el sexto, este con menos clase, sucedió parecido. Si Madrid medía a su padre, a este nuevo Galán lo empujaba con oles hasta firmar una tarde que los revisteros antiguos tildarían como digna.

La distancia, que no el roce, hace el cariño. Lo que cambia la vida en un lustro.



FICHA
Plaza de Las Ventas. 7ª de San Isidro 2014. Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (5º), desiguales de tipo y juego. Destacaron 1º y 6º, dos toros notables. El segundo enseñó buena clase, aunque no pudo. El resto, poco o nada lucidos.
Enrique Ponce (celeste y oro): Silencio y ovación con saludos tras aviso;
Sebastián Castella (malva y oro): Silencio en su lote;
David Galán (blanco y oro, que confirma alternativa: Silencio y ovación con saludos tras aviso.
Entrada: Lleno de "No hay billetes".
Cuadrillas: Saludó tras parear al quinto Javier Ambel.