miércoles, 14 de mayo de 2014

JOSELITO ADAME RUEGA POR NOSOTROS

Natural de Adame al Torrealta / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Penitentes y amadísimos todos, fieles a la llamada del abono del Patrón, santos devotos de las tradiciones, pacientes con la enfermedad de la ilusión por ir a los toros, fanáticos de la tauromaquia, invitados casuales, paracaidistas, estudiantes despistados, abuelas y hasta el acérrimo activista, todos, agradecen a estas horas el esfuerzo de un mexicano menudo, menudo mexicano güey. El esfuerzo de tener el cuerpo dispuesto para morirse con el sólo afán de entretener y ser gente en esto en medio de la gran hecatombe.


Ruega por nosotros, Joselito, que somos almas en pena buscando la vida eterna de este rollo. La buscamos por gente como tú, gente dispuesta a morir por el sueño. Hasta que llega un señor de bigote, señor común, bigote común, corbata común, tan mortal como el resto, uno más, tan uno más que cuando dicen que “estaban Fulano, Mengano, Citano y otro señor”, este es el otro señor y le niega rozar su sueño para dejar de ser el otro señor y convertirse en protagonista de una paupérrima pesadilla.

Menudo mexicano güey este Adame, que tiró de determinación para aprovechar que el sobrero de Torrealta iba y venía con más carácter que las otras ánimas benditas de La Palmosilla y así despertar a toda esa grey, que a la hora del tercero bis planchaba oreja resignada. Adame dejó la muleta puesta cual pantalla a la cara seria y recogida del burraco sobrero, solventó, mantuvo el interés y finalizó pisando el terreno del toro a pendulazo limpio. Seguro, valiente y muy listo, Adame, acorraló al burel. Así rogaba Joselito, dispuesto a todo, por todos y todos por él rogaron la oreja, muy pedida por la oratoria y la pitada y poco por el tradicional método de la pañolada. Así le hurtó el premio el otro señor, que ahora ha pasado a ser un policía serio y aficionado fetén dispuesto a recuperar el prestigio de la plaza de Las Ventas, ea, como si eso lo pudiese hacer el otro señor de la mañana a la tarde.

Joselito Adame pasó de rogar por todos a jurar en hebreo y arameo, como es lógico, porque cuando un tío muy tío se pone ahí de veras para sacar a toda la prole de la penitencia del sopor debe tener premio tangible, diga un madero lo que diga, por mucho que ese madero quiera dejar de ser conocido en todas las reuniones como el otro señor.

Pasó el único episodio épico y el otro señor sacó el pañuelo verde, tan usado hoy, para que soltaran un astifinísimo toro de Sánchez Dalp. Tan astifino, que hasta los más creyentes ponen en duda semejante tino de la madre naturaleza. Padilla lo inició con la muleta en los medios y de rodillas, en tarde de penitencia. Tras la inercia de esos primeros compases, ese toro negro, fino, bajo, montado, un punto avacado y con esas temibles puntas usó la testa con tal violencia que alguien vio cortar el aire en dos. La nada peligrosa en este y solo un emotivo brindis a Adolfo Suárez Illana (ánimo, torero) en su primero cabe reseñar en el haber de Padilla.

Tarde de confirmación de Escribano, también penitente, que clavó sus rodillas ante la puerta de chiqueros implorando que el destino le enviase la emoción y no dos pavas mareadas. De nada sirvieron los ruegos hasta que devolvieron el quinto y salió el sobrero de La Rosaleda, cabezón pero guapo, que aguantó en pie con cierto alma y con el que tampoco pasó nada.

Los que no habían huido despavoridos tras dos horas y media de ¿espectáculo? Se encomendaban otra vez a Adame, que a esas horas intempestivas parecía el Mesías. Esta vez, sin embargo, Adame fue como el otro señor, uno más, metido ya en la negra tarea de apuntillar la celebración. Demos gracias al señor.


FICHA
Plaza de Las Ventas. 6ª de San Isidro 2014.STres toros de La Palmosilla, deslucidos los dos primeros, de buena condición pero falto de fondo el 6º; uno (3º bis) de Torrealta, notable por su nobleza y templada acometida; otro (4º bis) de González Sánchez-Dalp, descompuesto y astifinísimo; y otro (5º bis) de La Rosaleda, noble y sin alma.
Juan José Padilla (celeste y oro con remates negros): silencio en su lote;
Manuel Escribano (sangre de toro y oro) que confirmó alternativa: silencio en ambos.
Joselito Adame: vuelta al ruedo tras petición y silencio tras dos avisos.
Entrada: Tres cuartos, en tarde espléndida. Presenció el festejo desde una barrera SAR la Infanta Doña Elena de Borbón.