lunes, 12 de mayo de 2014

LA OLEADA

Bernadina de Román / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Para descubrir cómo está España hay que asomarse a una plaza de toros, dijo el sabio. Los que se asomaron a Las Ventas en este lunes de mayo comprobaron que España es una oleada. A oleada limpia se movieron los bichos de Fuente Ymbro. A oleadas, esa palabra tan moda en los periódicos. Oleadas de robos en domicilios; los de izquierdas de Alcalá de Guadaira denuncian la “oleada de mentiras del PP”, los de la derecha denuncian (textual) lo mismo pero al revés y el titular tangible más claro es un golpe en la nuca de todos: “La oleada de corrupción se come el 4% del PIB español”. Ole con ole, las oleadas
.

Oleada tras oleada, unas más atemperadas, otras más locunas, todas hacia el refugio de los tableros y corriendo como ahora corren todos los vecinos, sin saber los porqué de tantas carreras.

Los del debutante Román parecían culebras serpenteando a su alrededor, a toda mecha. El del debú, una vez banderilleado, ni salió de las rayas de picar. Y eso que todo lo que le hicieron fue liviano, nada de apretar ni someter. Román aprovechó las oleadas del pitorro que le había preparado Ricardo Gallardo poniéndose por medio en caminar intempestivo y huidizo, emotivo, ora a favor de tablas ora en contra de esa querencia. Y así trató de darle fiesta hasta ser el arrollado por ponerse en entrevías. Pidieron hasta la oreja para el novillero por estar muy en novillero, a las puertas de su alternativa.

En el quinto volvieron a pedir trofeo y, en una oleada de optimismo del palco presidencial, se la dieron. Quiso arrastrar las telas Román en un trasteo veloz, sucio, voluntarioso y alocado. Tan alocado como el de Fuente Ymbro, que se movía a brincos, apretando para dentro y con genio del malo. La cosa estaba tan desordenada como la rubia melena del joven. Unas bernadinas de garra, medio espadazo, un descabello, quinientos pañuelos, tres voces entre doce mil y la sorpresa de todos, la oreja. Una oleada de optimismo que adorna el currículo del torero.

Una oleada incansable fue el tercero, el del preparado José Garrido. Más que una oleada, un tsunami. Malo el carácter del castaño fuenteymbro, de movimiento incansable, agrio, desordenado y a peor. De los animales que le quitan la afición a los toreros y le minan la moral porque sienten que hasta se les ha olvidado torear. Bicho malo en manos del más puesto y ordenado.

Garrido, como jefe de esta oleada de toreros que buscan el futuro por medio de la capacidad de afrontar retos adquiriendo mucha técnica y derrochando ganas y garra, se fue a portagayola y compuso un trasteo tesonero, voluntarioso, machacón e improductivo por la falta de clase y fondo de un novillo sin gracia, que también tiró sus oleadas.

Como las tiró el primero, un torete alto, montado y reservón. Y ante él, una brisa de torero que busca la distinción, entregar el medio pecho, la reunión frágil y elegante, un torero que huele a pasado y que en esta oleada de toreros guerreros igual no tiene sitio si no aparece más curtido de la noche a la mañana. Se llama Mario Diéguez y no parece el más valiente, no parece el más preparado, no parece el más fuerte, no parece el que más veces vaya a triunfar; Mario Diéguez ni siquiera parece de este siglo de la velocidad, no parece un producto de usar y tirar. De hecho, no parece ni un producto sino un torero de vitola que, lo más probable, es que se lo lleve el viento por no sacar partido a las oleadas del primero y porque no le duró el de mejor clase, el cuarto, que al querer embestir de veras y no a oleadas se fundió en un suspiro.

Y así está España, moviéndose a oleadas, oleadas de robos, de corrupción o de mentiras, como las oleadas de los Fuente Ymbro. Vamos, un asco.


FICHA
Plaza de Las Ventas. 4ª de San Isidro 2014.Novillada con picadores. Seis novillos de Fuente Ymbro, de desiguales hechuras y de juego deslucido, desclasado y de mucho movimiento de huída. El cuarto enseñó mejor clase, pero no duró casi nada.
Mario Diéguez (blanco y azabache): ovación tras aviso y silencio tras aviso.
Román (cardenal y oro): vuelta tras leve petición y oreja protestada.
José Garrido (sangre de toro y oro): silencio en ambos.