viernes, 9 de mayo de 2014

LA COSTUMBRE

Silveti, volteado por el sexto / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76


La costumbre mató a la pasión y la costumbre, por costumbre, es asesina. La costumbre mata. En Madrid, por ejemplo, ya es costumbre que la primera tarde de San Isidro no pase nada. Maldita sea la costumbre. Por costumbre se saca el abono y cada vez hay menos acostumbrados, según se ve el cemento del sol y lo holgados que están sentados los isidros de la sombra, esos que aún no ha matado la asesina costumbre. Por costumbre decimos que Las Ventas se llena siempre en San Isidro y esa costumbre mata a la verdad
.

Los que están acostumbrados ya no se rasgan las vestiduras. Una más, dicen. Los no acostumbrados, los ocasionales, que son la mayoría y que se asoman a este escaparate del santo Isidro, creyentes que confunden Madrid con Roma y a Las Ventas con El Vaticano, esos lo tienen claro tras salir de la plaza: Ni una más. Ea. Ya matamos a unos pocos y vinieron de invitados, que si llegan a pagar encima van y lo cuentan.

El toreo, según está, tiene que salir de la maldita costumbre, tiene que huir de esa maldita asesina. Hay que desacostumbrarse de embarcar el más grande porque es grande, como el cuarto, porque ese bicho es antinatural, antitoreo, antiencaste, antilisardo, antidiversidad y, si apuran, antitaurino.

Dicen los toreros que a Madrid no se acostumbran nunca. Sin embargo, David Mora y Daniel Luque cumplieron con la penitencia de abrir Feria como si ellos fueran los que siempre cumplen con esa rutina, pase a pase, tacita a tacita... Así, Mora soltó los brazos, lanzó los vuelos de su capote, como si todavía estuviese frente a Niñito, como si todavía durase aquel sueño sevillano. Pero no. Aquí, en Madrid, se acostumbra a que lo normal sea la pesadilla y que lo extraordinario sea cumplir los sueños. El borrico pasador e imposible, el Valdefresno parado y ausente, el primero; o el boyancón cuarto, el gigante, el feo, el destartalado que nadie pide y se embarca por la asesina costumbre. El buey era un tonto a los ojos de todos menos para quien lo tenía a un metro, que lo veía como era, listo y malhumorado.

Luque también sucumbió a la costumbre de Madrid. Suficiente, hecho, solvente, estético y adocenado. Así se vio a un Daniel Luque que no termina de romper pese a llevar por bandera unas condiciones bárbaras para funcionar en esto. El capote le vuela superior. La muleta la maneja con impar destreza. De valor anda a punto. Será esa asesina, la costumbre, la que lo convertirá en un vulgar gregario cuando hasta los arranques de su agrio carácter apuntan a mucho más. En esa línea del sí pero no, como su carrera, hizo equilibrio con el único potable, el segundo. El caballote quinto le dejó la entrepierna al descubierto de un pitonazo arrollador, así le dijo que no iba a embestir ni dominado y sujeto, ni suelto y acompañado.

El mexicano Silveti iba ya en el bote del naufragio total. Reconozcamos, en Madrid, por costumbre, se naufraga. Se dan las condiciones ideales para ello. Pero un pitonazo a destiempo, una caja destemplada del más hermoso sexto, una cambayá inesperada, le hizo una herida en el labio y tiró al mar al mexicano. Como es lógico, se puso a nadar. Metido en la épica valentona de una bernadina, aprentando nalgas y dentadura, resultó cogido. Pero tal vez sea la costumbre la que ha llevado al público a despreciar y hasta pitar el arranque corajudo de un torero.


¡Ay! La costumbre... Maldita asesina.



FICHA
Plaza de Las Ventas. 1ª de San Isidro 2014.
Seis toros de Valdefresno, desiguales de tipo, alzada y hechuras y todos desclasados y manseando. Empujó más en las telas el segundo, que fue el único con cierto estilo.
David Mora (grana y oro): silencio y silencio tras aviso.
Daniel Luque (blanco y oro): silencio y silencio tras aviso.
Diego Silveti (malva y oro): silencio y silencio tras aviso.
Entrada: Menos de tres cuartos de aforo, en tarde casi veraniega.