domingo, 18 de mayo de 2014

CUATRO PIRATAS EN CIBELES

Ritter con el sexto / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

La tarde en Las Ventas salió perfecta, según los planes. Los toros salieron como lo que eran, un saldo con carne y cuernos. Los toreros también se comportaron según lo previsto y pelearon lo indecible para sacar la cabeza del pozo en el que todos le echan tierra encima. Los productores de estos espectáculos taurinos en Las Ventas están en todo, qué tíos. Vamos, que son unos hachas, unos cerebros, los lumbreras que sacarán a la tauromaquia de la difícil situación en la que se encuentra y por eso la Comunidad de Madrid les ha renovado ya la prórroga de gestión para 2015.

Tarde perfecta a la que no le faltó un detalle si nos atenemos a lo que es producir todo un espectáculo como la Feria Taurina más importante del mundo. Cuando salía el quinto charolés, con pelo de morucho, la tarde iba sin frenos, hundida en el aburrimiento, en el sopor. La gente hasta podía llegar a pensar, osada la gente, que se trataba de un timo. Pero estos empresarios taurinos están en todo. Tras rascarse la calva y ajustarse las gafas con el dedo índice, el joven gestor lanzó la orden: que salga el espontáneo y se hable de eso, que al final hablarán del atraco. El otro lince, el de la mirada alicaída y la barba pobre, pulsó el botón del plan B y los extras contratados para la ocasión comenzaron a pegarse en la grada del 8. Mira, ya pasó algo distinto y barato.

Con todos estos alicientes bien se tapa una corrida que al aficionado le cuesta exactamente el mismo parné que cuando vienen las figuras del toreo, esos temibles señores vestidos de luces que tanto mal le hacen a la fiesta y que consiguen regularidad en el triunfo. A partir de ahí, todo su trabajo estaba hecho. Bueno, todo no. El gafas, metido en el papel de Tío Gilito, y el pirata Barba Pobre, se pusieron a contar billetes. A las monedas ni les hicieron caso.

Doscientosdiezmil, doscientosdiezmiluno, doscientosdiezmildos… Por ahí iba la cuenta en el despacho cuando, de repente, saliéndose del guión, sonaron cuatro olés. Era Morenito dejando volar su capote ante el segundo de la tarde. Doscientosveintemilcientodos, doscientosveintemilcientotres… Y el de Aranda dejando al toro largo y vivo en el caballo, porque Morenito se siente fuerte y le han mentalizado. Ahora cree que todo puede ser, hasta cree que un bajo bisonte pagado con euro y medio puede humillar y embestir con entrega. No hubo milagro y el bisonte se defendió hasta el punto de dejar a Morenito con cara de tonto.

Los gestores iban ya por trescientosypicomil euros cuando el colombiano Ritter se dejaba matar en los medios por un toro que no valía dos duros. Por fortuna, se libró.

Paulita, que ya había dejado muestras de su buen porte y corte frente al marmolillo primero, remiendo de Ortega, buscó las vueltas del gigantón cuarto. Por un instante, tuvo torería, postura y hasta argumento lo que hacía Paulita. Hasta que la baratija de toro se acordó de su condición de buey de carreta.

En el quinto, en la lidia del buey cárdeno, una vez que ya actuaron el espontáneo, los peleones del 8, una vez que Morenito de Aranda dio todo frente a la nada para nada conseguir, Tío Gilito y Barba Pobre terminaron de contar billetes. Los billetes que habían dejado en la caja los 15.000 domingueros y los 1.500 aficionados aún ilusionados, ilusos. Sin contar bares, ni almohadillas ni minucias de esas, unos 400.000. Casi limpios de polvo y paja, porque con la chatarra no contada le pagan a Paulita, a Morenito, a Gerardo Ortega y al valentísimo Ritter, que se dejó llegar las afiladas (digo bien, afiladas) puntas del serio y feble sexto, el otro remiendo de Ortega, al mismo muslo.

Fue entonces, justo cuando Ritter pinchó la meritoria labor, terminado el evento número diez de la Feria más importante del mundo, cuando 12.000 ocasionales juran no volver, 4.000 extranjeros creen que la tortura no es arte ni cultura y tres toreros desesperan porque esta horrible pantomima contará como una oportunidad perdida.

Mientras los más aficionados discuten sobre si Morenito lo dio todo o no. Entretanto se debate sobre si Ritter es algo más que valor; cuando los integristas ponen en busca y captura al tal Couto de Fornilhos, justo entonces, Tío Gilito, Barba Pobre y el hijo del gran jefe se bañan en Cibeles celebrando el enorme botín. Me encanta que los planes salgan bien, espetó el octogenario patrón abrazando a la diosa, sonriéndoles. Y mañana, más. Que dentro un año Dios proveerá si esto no se acaba.



FICHA
Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. 10ª de San Isidro. Toros de Couto de Fornilhos, con kilos y cuajo, deslucidos, mansurrones, bruscos, sin clase; y dos (1º y 6º) de Gerardo Ortega, serios, hermosos, nobles y parados.
Paulita (grana y oro): silencio y ovación con saludos.
Morenito de Aranda (verde hoja y oro), palmas tras aviso y palmas tras dos avisos.
Sebastián Ritter (blanco y oro), silencio en ambos.
Entrada: Menos de tres cuartos, en tarde agradable.