jueves, 29 de mayo de 2014

DIOS NO ES TAURINO

Verónica de Talavante al 2º / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Los taurinos se pasan la vida pidiéndole cosas a Dios y Dios se ha hartado. Lógico. Te pido que me embista y te pido que no me haga viento. Te pido uno que tenga veinte pases… Bastante hace el bueno de Dios cuando protege a los toreros en volteretas y cornadas que parecen fatales y las deja en cosas menores. Dios es buena gente, pone su capotillo en esas circunstancias y hasta le da al que le pide. Pero Dios no es aficionado al toreo y hoy ha quedado claro. Si Dios fuese aficionado hubiese colocado los toros de otra manera y no de esta, porque colocados así, con el criterio de la buena gente y no con el criterio del aficionado, compuso una tarde del revés.


Castella pidió un toro que le embistiese y sin viento. Y Dios, buena gente y mal aficionado, se lo echó en primer lugar. No se acordaba Dios de que Castella reaparecía de una cogida horrible y que, es de entender, no tenía el cuerpo para torear fetén, así, a las primeras de cambio, sin previo aviso. El primer toro le embistió y bien, después de hacer esas cosas que hacen esos pilarones amplios, grandullones, esas cosas de redondearse en los capotes y hasta querer saltar la barrera. Era un capeo la lidia, un desorden. Hasta que se quedaron toro y torero. Entonces el toro dejó claro que embestía con buen aire, con buen ritmo y gran postura. Fueron dos tandas después de comenzar la faena sentado en el estribo y reduciendo al toro a base de muletazos por alto más resultones para el público que constructivos para el toro. Dos tandas tras hacerle todo a la contra… Las cosas de Dios, que no es taurino y da sin saber.

Manzanares, para remontar el ambiente contrario que tiene en Madrid, necesita de un toro importante, obediente, rítmico, fuerte, inagotable, noble que vaya y venga y que transmita y no uno de veinte pases. Dios, que no es aficionado, se equivocó con el pedido. Como casi todos le piden un toro de veinte pases de verdad… Igual es que Manzanares, humildemente, también le pidió eso, un toro de veinte pases y no el súper toro que todos creemos que necesita para reventar Las Ventas. El segundo, negrito, guapo, armónico, más sevillano que madrileño, embistió veinte veces con obediencia, colocando la cara y empujando. Pelín ceñido por dentro, sí, pero que no es defecto sino ayuda porque el torero necesita que se ciñan si quiere romper Madrid. Veinte pases buenos tuvo el toro, más los cinco o seis capotazos que le recetó el torero de la tarde: Alejandro Talavante, nacido en Badajoz y madrileño de adopción por petición popular.

Manzanares dio pases entre el griterío, entre la gresca del tendido. Pases en series de tres y el de pecho, insuficientes para remontar la que le tienen montada. Veinte pases de verdad tuvo Niñito antes de rajarse, veinte pases sin que Manzanares los aprovechara.

Llegaba un torero fino, en estado de gracia, con gracia, puesto, dispuesto, con alfombra puesta por el público y el público siempre que pone alfombra es porque el que la pisa se la ha ganado. Llegaba Talavante, un torero de Madrid. Talavante y sus muñecas sueltas, su corazón siempre entregado, el mentón cosido al pecho y la cintura rota y con el riñón metido. Casi nada. Un torero para hacer el toreo. Pero para hacer el toreo se necesita un toro y como Dios no es aficionado y de esto ni pajolera, va Dios y envía un bicho contrahecho, sin perfil, ni cuello. Menuda gracia nos hizo Dios. Además, el animal fue desagradecido, porque Alejandro de Madrid le hizo todo perfecto para que diese algo productivo y el de El Pilar se negó en redondo.

Luego vino el cuarto, que más que dulce resultó insípido. Ese era el que Dios le tenía que haber enviado a Castella en primer lugar, para reaparecer y entrar en salsa. Toro noble, de buen ritmo, pasador, con viaje… Vaya, un buen toro que no decía nada y nada dijo Castella con él.

Todos los que aman la tauromaquia pedían a Dios que pasaran cosas buenas porque es de los días en los que el toreo necesita emitir cosas buenas al exterior. Por Dios, que salga un toro y lo toree un torero. Y Dios, la empresa, los veedores de toreros y de la empresa, el ganadero y la Autoridá ¿competente? pusieron allí un toro grande, que es distinto a un gran toro. Toro grande de cuerpo, una mole, de cabeza menuda, sin perfil, toro muy típico de este hierro. Toro de gran tamaño que Madrid lo recibió con el enfado de los toros sin trapío. Y ya ni el toro embistió ni Manzanares se inventó artimañas para hacerle embestir. Hasta lo mató mal, noticia en el de Alicante.

Por Dios, envíanos un toro, clamaba la plaza entera, que torero sí hay. Dios y Moisés Fraile echaron uno de amplia testa, sobrado corpachón, de buena clase y renqueante de las manos. ¡Válgame Dios! Si Dios fuese aficionado lo habría hecho salir sano. Como Dios, aunque no sea taurino, es buena gente, a Fantasioso le había tocado una de esas bolitas de la clase que decía Rafael de Paula. Y Talavante, que es otro de los agraciados por la bolita, se puso a hacer cosas grandes: la verónica de vuelo lento y capote lanzado y mecido; la chicuelina reunida; el derechazo profundo de suerte cargada y pecho otorgado, la donosura a pies juntos. Era faena para mandar noticias positivas al exterior si fuese rematada con acierto a espadas. Pero, ay Señor, qué pena que hoy no te aficionaras, Alejandro Talavante de Madrid marró a espadas.

Dios no es taurino. De serlo, hubiese hecho un mejor reparto y a estas horas el torerísimo Talavante de Madrid estaría justo abajito de Él.



FICHA
Plaza de toros Las Ventas de Madrid. 21ª de San Isidro 2014. Toros de El Pilar, de tipos desiguales. De buena clase 1º, 4º y 6º, aunque justos de fondo físico. El 2º tuvo ímpetu, estilo y obediencia hasta que se rajó.
Sebastián Castella (marino y oro): Silencio y silencio tras aviso.
José María Manzanares (azul rey y oro): Silencio en los dos.
Alejandro Talavante (canela y oro): Silencio y ovación con saludos tras aviso.
Entrada: Lleno de no hay billetes.