martes, 20 de mayo de 2014

LA VERDAD DEL TOREO AL DESNUDO

Cogida de David Mora / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

En el toreo se muere, como ese chiquillo en un pueblito de México. O como ese forçado, que de la melé con sus colegas de pega sale inerte ya. La muerte en plena fiesta. La muerte, lo último que a todos espera, se juega cada tarde de toros, en cada lance, en cada embestida, en cada derrote. Es el valor de los toreros, su convivencia con la parca, la costumbre de tutear al miedo y la maestría para vestir todo con armonía. Dispuestos a afrontar a la muerte llegaron tres hombres, a jugar con ella a cara o cruz. Cuanto más cerca, más riesgo. Cuanto riesgo, más gloria. Y allí está la muerte, al acecho, esperando ansiosa para cebarse.


La vida le revoloteaba a David en la cabeza. Mucho más que la muerte. La vida le decía que se podía volver a las talanqueras, a la miseria de las capeas, que se podía abandonar la supuesta grandeza de las Ferias y las grandes plazas. Y allí se plantó David, en la puerta de chiqueros. Todo a la ruleta rusa de la obediencia al revuelo del capote. La muerte estaba allí, hambrienta, en las astas de un Ventorrillo que tiró mil derrotes y dejó al madrileño reventado, con la femoral partida y ko. Todo o nada. Y a David le salió nada.

Cogió las riendas de la lidia Antonio Nazaré, que se había cruzado como ángel de la guarda en el quite. Todos, los presentes, los televidentes, los cultos y los ignorantes tenían el corazón en un puño, consternados, temblorosos. Arrugados de cuerpo y ánimo todos. Bueno, todos no. Allí estaba Jiménez Fortes, que había recogido a Mora del suelo, que le había puesto la mano en el boquete, que venía para reaparecer de un trance similar en este mismo coso hace poco más de un mes. Fortes, ceñir chicuelinas.

El ángel de la guarda, léase Antonio Nazaré, tampoco era de los consternados, de los arrugados, ni de los temblorosos. Nazaré, valiente sin aspavientos, clavó zapatillas y tiró de la muleta frente al morlaco remolón que se hacía dormido, como la muerte, esperando el mínimo error para atacar.

Y salió el segundo de la tarde para lo que se presumía como un improvisado mano a mano. Ante él, Fortes. Cinco años de toro montado y corraleado, sobrero días atrás, titular hoy en la Feria más importante del mundo. Dos lances y a lanzar verónicas con los pies clavados. La lógica, que es cosa de prudentes y no de valientes, invitaba a quitarse. Pero Fortes se quedó y volvió a ser cogido de lleno. Ileso, como de milagro. Los corazones bombeaban a cien, ni pestañear. El miedo era tal que ni del viento ni del frío se acordaba nadie. Todos al borde del infarto, menos Nazaré, que se fue a los medios a dibujar chicuelinas, tal vez sin ver que el toro se metía hacia dentro u obviándolo, como el valiente que es.

Y en el remate, al intentar torear, la cogida y el rebañón. No hizo carne el pitón pero Antonio salió cojo de allí, perniquebrado.

Fortes se quedaba solo. Él, su valentía, su asiento, su impavidez, su parsimonia y el corraleado cinqueño metiéndose por dentro. Pronto hizo presa el toro para derribar al malagueño y, en el suelo, meterle el pitón en el muslo. Se levantó Saúl lento, flemático, torpe, dicen los que creen que salir corriendo es de listos. Y volvió a ponerse y a dejar la muleta entre las piernas, tocando flojo, como sin darle importancia al toro, como si en él no fuese la muerte. Y tras la espada como un condenado a matar o morir. Mató y fue cogido, lanzado de pitón a pitón por el mismo abdomen. Era la muerte otra vez, aunque saciada por el atracón que lleva en estos días.

Los tres hombres, los tres valientes, en la enfermería, en manos del dios Padrós. La verdad del toreo al desnudo. La cruz del espectáculo más real que existe, donde la muerte es de veras. Señores toreros, sombreros a sus pies: sois el milagro del siglo XXI.




FICHA
Toros de El Ventorrillo y Los Chopes (2º y 3º).
David Mora, herido.
Antonio Nazaré, silencio en el que mató por Mora y lesionado por el segundo.
Jiménez Fortes, ovación de camino a la enfermería, tras ser herido.
Entrada:Tres cuartos. Viento y nublado.