jueves, 22 de mayo de 2014

EL TOREO COMO CONSUELO

Natural de Talavante / LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Talavante clavó el mentón en el pecho, rompió su cintura, apretó las nalgas y se fue detrás del huidizo y estiloso toro de Montalvo con la muleta en la izquierda. Era la pasión, la verdad, la vida, el estudio, la evolución, el sentimiento, las entrañas de Talavante abriéndose en su plaza de Madrid. La conclusión de Talavante. No era el valiente impávido, ni el del revuelo improvisado, ni el de la genialidad puntual. Era el producto final, la conclusión de un proceso, el nacimiento de una figura en medio del fiasco.


El nacimiento de una figura, sí. Porque ahora se ha demostrado Talavante que puede caminar solo, que el toreo sin artimañas es un arma invencible. Talavante, el artista. Ese junco en los medios, quebrado por el viento y, sin embargo, enraizado como un ciprés, tan frágil, tan fuerte. De fuera a dentro, reunidos, ejecutando desde arriba pero expresado por abajo, hundiéndose con cadenciosa armonía y dejando el fleco de su muleta para que Saqueador volviese presto y empujando con la testuz o renunciara al abrigo de la querencia.

El vanguardista del toreo se destapaba con el toreo de siempre. A punto de la gran conmoción. Y solo marró la espada.

Claveles, permanentes, corbatas, gominas, caché, glamour… Esos que el maestro Vidal tildó de Isidros. Estaban todos y dispuestos a dar envidia a los Isidros ausentes, los que no habían podido entrar por quedarse sin boleto. Pero la cosa se les puso chunga. Finito anduvo allí, luciendo vestido, maestría, suficiencia, precauciones, técnica para mostrar un material que nunca se dio para el toreo total. Alguien había logrado el pacto de no agresión entre el primer Montalvo y Fino: tú no te metes conmigo ni yo contigo. Lo del sobrero cuarto, sin embargo, ya fue producto de la falta de trabajo. El cuarto de corrida salió des coordinado, cosa que le puede pasar a cualquiera. Tras el pañuelo verde, un Cuvillo. Y uno se imagina un toro de lujo para una tarde lujo, de una ganadería de lujo que, encima, lidia poco con lo que le deben de sobrar bastantes toros de lujo. Pues no. Digamos que si Sancho Panza fuese toro no podría ser otro que este cuarto. Y con él, la nada, porque hasta sacó sus guasas.

Y Morante… Pobre Morante, decían los piadosos, que eran muchos menos que los despiadados. Morante dibujó canela en un trincherazo y una serie en redondo a su primero, un toro espeso, incierto, que parecía que sí y que no a partes iguales. Remolón, viejuno, tardo, pensativo. Humillado, empujando y redondo, así, como de repente. Era un espejismo. Tal vez en los medios su mentira se podría haber escondido un poco más. Una decepción.

Salió el quinto, bicho zancudo, de manos tiesas, mal aplomado y de testa estrecha, que pudo destripar a Morante contra las tablas. Acorralado por un bicho enfermizo y sin lujo alguno. El fiasco por el fiasco. ¡Anda que si un animal así borra de este mundo a uno de los más geniales intérpretes de la Tauromaquia! Una ruina de toro para una ruina de faena.

Como el sexto. Otro toro espeso, bizco, basto, corto de cuello que se metía por dentro en su medio viaje y que nunca agradeció a Talavante el buen trato que le otorgaron. Tocaba nones.

Tocaba nones. Mandaba la lógica de lo mal concebido y no el milagro. Ahora, como consuelo, el toreo. Los Isidros, maestro Vidal, irán contando que la corrida fue un petardo y tirarán, como siempre, del tópico de la corrida de expectación, corrida de decepción. Pero nunca podrán olvidar, aun sin saber contarlo, cómo un artista se olvidó del cuerpo para soltarle los flecos de la muleta a un toro. Casi nada.





FICHA
Plaza de toros Las Ventas de Madrid. 14ª de San Isidro 2014. Cinco toros de Montalvo y uno (4º bis) de Núñez del Cuvillo, sobrero de un titular descoordinado. Corrida desigual y deslucida. Noble el primero; guardándose el segundo; impetuoso y enclasado el huidizo tercero. Nulos los demás.
Finito de Córdoba (marino y plata): Silencio tras aviso y silencio;
Morante de la Puebla (marino y oro): Pitos tras aviso y bronca;
Alejandro Talavante (nazareno y oro), ovación y silencio.
Cuadrillas: Saludó Juan José Trujillo tras parear al sexto.
Entrada: Lleno de "No hay billetes", en tarde fresca y con viento.