miércoles, 13 de mayo de 2015

UN MOMENTO PRECIOSO

Talavante pasea la oreja del tercer Ventorrillo. - LAS-VENTAS.COM
Fue un momento precioso. Allí, en la soledad de los medios, donde no hay más que miedo y el torero es el clavo sobre el que aprietan cuarenta mil ojos. Allí se fue Talavante, a llamar a Botijito, que era el toro discreto y nada había dicho en los primeros tercios. Allí, en el mismo platillo, sin probar, Alejandro le soltó los vuelos, recogió su acometida franca, le suavizó el empuje, le midió las alturas, le insufló celo y consiguió la reunión perfecta en tres naturales sublimes. Así, como si nada, como si le brotara de dentro, como si aquello fuese coser y cantar en la sobremesa. Con la difícil facilidad con la que lo hacen los maestros consumados, así le brotó a Talavante, a sus 26 añitos, como en una madurez prematura, el toreo perfecto y lo que, ya no hay duda, es su toreo. Este es su toreo.

Un momento precioso precedido y seguido de la vulgaridad, que es cuando más brillan los momentos preciosos. La figura de Talavante era frágil e inquebrantable, a la misma vez, y convivía en perfecta armonía con el toro alrededor de su cintura, siempre con la izquierda, con la de los billetes, aprovechando el mejor pitón del gargantillo Botijito y antes de que a éste le quedase poco agua que dentro. La supo administrar Talavante, con tiempos, con dominio de la escena, con salidas y entradas, presidido todo por la limpieza y la distinción. Un momento precioso refrendado de una estocada en sintonía, de entrada lenta y limpia ejecución. Un momento premiado con una oreja, la que tenía el toro, pues la otra la protegió con su falta de final y fondo.

Y antes, como después, apología de la vulgaridad. Primero, a cargo de Padilla, impreciso, dubitativo y hasta torpe en los primeros tercios del abreplaza. E incapaz de decir nada con un Ventorrillo tan noble como ausente. Fue con el otro con el que sí quiso compromiso el otrora Ciclón. Como queriendo prolongar el momento precioso, como alimentando que aquel estado de felicidad no muriese, Padilla se tiró de rodillas en los medios, muleta por delante. Y en el segundo redondo a punto estuvo de ser prendido por la barriga misma. Pianista, negrito, amplio, ligeramente bizco, suelto de carnes y de notable calidad sobre la zurda, le hizo a Padilla creerse Talavante, le hizo querer torear bien, lo toreó en postura clásica, abandonada incluso, pero aquello no era igual, era como dormir la siesta en sábanas de esparto después de haber pasado la noche sobre las de satén. Para colmo, a derechas se venía por dentro y ya no le dio a Padilla para más.

El Cid también tuvo un medio toro, su primero, que se guardó huidizo en los primeros tercios, huidizo, escarbador, sin emplearse y que cuando se quedaron solos toro y torero, su corpachón castaño pareció querer responder. Una quimera, una duda eterna le queda a la afición, pues hubo resquicios de embestidas buenas cuando la acometida iba apretada, sujeta y presionada, cosa que escasa vez pasó.
Y si con este dejó dudas Cid, con el otro, que fue toro vulgar, desclasado y vacuo, Cid le metió el miedo en el cuerpo a los que tienen la entrada comprada para su encerrona con seis victorinos. No por lo que pueda pasar, sino por lo que no pueda pasar. Pero eso es capítulo para el 5 de junio y el tiempo todo lo puede. Quedan 23 días.

Quedaba el último aliento, el protagonista del momento precioso y otro Ventorrillo. Pero este era toro vulgar, el padre de la vulgaridad hecho toro frentudo, alto y feo y sin un pase. El antitoro para hacer el toreo. Y nada pudo ocurrir.

Un homenaje a la vulgaridad roto por un momento precioso: el toreo natural por naturales y como excepción. Bendita noticia.


FICHA
Madrid, miércoles 13 de mayo de 2015. Toros de El Ventorrillo. Corrida de buena presencia, noble y con un toro de escaso fondo y buena pasta, el tercero. Bueno por el izquierdo el cuarto y posible y el segundo. El peor, el sexto. 
Juan José Padilla (negro y oro con remates negros): silencio en su lote.
El Cid (marino y oro): silencio y silencio.
Alejandro Talavante (gris perla y oro): oreja y silencio. 
Entrada: Casi lleno. 
Cuadrillas: Se desmonteró tras banderillear al tercero Juan José Trujillo.