jueves, 28 de mayo de 2015

EL VACÍO

Sentirse vacío, estar vacío y caer al vacío. Suena parecido, pero bien distinto es, aunque las tres formas se envuelven en el papel de lo negativo de una tarde vacía. Es comprensible que Diego Urdiales hoy se sienta vacío. Es entendible que la gente vea a Fandi como un portento físico que está vacío de sentimiento torero. Y resulta asumible que ponerse en la piel de Fandiño cause vértigo por su caída al vacío. Vacíos en una plaza casi llena. Vacíos, hasta cuando hubo toro. Sentir el vacío, estar vacío y caer al vacío. Vacío.


Cuarenta años sintiendo el toreo, el sueño de ser torero. Cuarenta años en la búsqueda de un sueño que se le resiste, que se le aleja, que se atisbe y se lo arrebatan. Cuarenta años, que se dicen pronto. Y a los cuarenta años le ha llegado a Diego su tiempo, su momento, el instante de hacer realidad su sueño, de cogerlo y no soltarlo. Cuarenta años llegando el espíritu de torería, de registros, de historia, de embestidas, de conceptos. Cuarenta años gastando vida para recoger vivencias. Y a los cuarenta, cuando le llegan sus días, no hay nada. Sentirse vacío, Diego… Su feria, su plaza, su momento, su camino por fin asfaltado y está todo a punto menos la suerte, esa excusa de los mediocres y que aguarda entera a Diego para el jueves venidero. Lidiar la de Victoriano del Río en este momento y que salgan esos dos animales tan imposibles para brillar. Ese primero, tan secote, con ese derrote contundente, con ese taponazo… Diego se puso, de frente, con los pies clavados, aguantando por la derecha, esperando un sopapo y no otra cosa. Y por la izquierda intuyó el resquicio de esperarlo en la cadera, lanzarle el vuelo por abajo, tragarle y… Y la nada, la sensación de buscar y buscar, de haber soportado un desierto de cuarenta años para nada. Mató Diego fácil y bien, que es difícil, y a esperar la salida del cuarto.

Y el cuarto traía carne, alzada, seriedad, edad, trapío y dos cuernos finos y arremangados que metía miedo y cornadas, como las que propinó al tercero Domingo Valencia al corte de banderillas. Una mínima duda y al hule. Caminador, serísimo, duro. Era el día soñado, con una ganadería soñada y la realidad, una pesadilla. Diego se ponía y citaba para aguantar el disparo de un toro cicatero en todo, menos para dar cornadas. La nada, los intentos, la dureza de las duras o peor en esta con fama de blanda. Volvió a matar fácil Diego para sentirse vacío sin poder vaciarse. El vacío, la impotencia.
 
Esa sensación de vacío se le debió aumentar al de Arnedo al comprobar que sus dos compañeros de cartel si gozaban de toros similares a los que se sueñan. El primero de Fandi, un buen ejemplo, pues fue toro que no se enseñó en los primeros tercios y que llegó entregado a la muleta, repetidor, humillando, viajando con celo una y otra vez. El de Granada clavó banderillas con tino, un buen par de poder a poder, y luego muleteó y muleteó como quien predica en el desierto, en ese mismo desierto que le tocó cruzar a Urdiales. Pases y pases,  a derechas, a izquierdas, de molinete, de trinchera o de pecho, de pitón a rabo o en martinete. Muchos pases, pero vacíos de sentimiento torero, de mensaje, de pasión. Muchos pases sin poso, vacíos.

Otro buen toro fue el tercero, bajo, con la cara abierta pero de buen cuello, descolgado. Toro de galope, de enseñarse, de darse tanto y tan seguido que hasta pisó la zona roja de los tropezones en los primeros tercios. Iván Fandiño, Iván de Orduña, el mismo Fandiño que aquí levantaba pasiones, buscaba teclas, acomodos, resortes, como el farol de rodillas para abrir su muleta, como perder pasos, como quedarse ahora con un solo giro. Y no se encontraba Iván. Hasta dar con la tecla, mediado el trasteo, con el público en el limbo ya, cuando echó los vuelos, suave, por la zurda, la dejó abierta en el suelo, se enganchó el de Victoriano y la tomó de dulce en los cuatro o cinco mejores naturales que haya propinado Iván de Orduña en su otrora feudo de Madrid. Pero Madrid, aún lleno, le hizo el vacío e Iván, en caída libre.

Fandi ya ni quiso ver al quinto, que no fue ni malo ni bueno, ni lleno ni vacío. Y Fandiño, aunque quiso, no pudo ver la luz ni sujetar su cartel con el serio y cambiante sexto, toro zancudo que daba una embestida del derechas y otra del revés, una humillando y otra con la testa en el techo de Madrid.

Sentirse vacío, estar vacío y caer al vacío. Vacío para todos, salvo en la taquilla.



FICHA
Madrid, jueves 28 de mayo de 2015. Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (1º). Dispares en tipo, serios, y complicados, salvo el segundo, que fue pronto, franco y con recorrido; y el tercero, de notable humillación.
Diego Urdiales, tabaco y oro: silencio y silencio tras aviso.
El Fandi, ciruela y oro: pitos en ambos.
Iván Fandiño, espuma de mar y oro: división al saludar y silencio.
Entrada: Casi lleno, unos 22.000 espectadores, en tarde espléndida.
Cuadrillas: Miguel Martín saludó en banderillas en el tercero de la tarde.

PARTE FACULTATIVO DE DOMINGO VALENCIA.- "Herida por asta de toro en tercio medio cara externa del muslo derecho con dos trayectorias, una ascendente de 20 cm. que produce destrozos en músculo tensor de la fascia lata y en vasto externo alcanzando trocánter mayor; y otra trayectoria ascendente de 25 cm. hacia dentro que produce destrozos en recto anterior y músculo crural, alcanza fémur y contusiona paquete vásculo-nervioso femoral. Contusión en primer dedo mano derecha con posible lesión en articulación metacarpofalángica, pendiente de estudio radiológico. Tras ser intervenido en la enfermería de la plaza es trasladado al hospital San Francisco de Asís con cargo a La Fraternidad. Pronóstico: Grave que impide continuar la lidia. Firmado: Dr. García Padrós".