domingo, 10 de mayo de 2015

DOS ERRORES TRIUNFADORES

Eugenio de Mora y Morenito de Aranda son dos errores. Dos errores del sistema imperante y que se ponen a triunfar cuando el sistema ya ni les tenía en cuenta, cuando el sistema los trataba como estiércol, como abono en el barbecho de toreros, y en el mismo instante en el que el propio sistema deje todo esto como un solar sin constructor. Dos errores con nombres y apellidos, Eugenio y Jesús.

Eugenio de Mora es un gran error. Al toledano lo pusieron a funcionar los hermanos Lozano cuando estos eran capitanes generales. Vieron temple en aquel larguirucho aspirante y don Pablo, la muleta de Castilla, le enchufó secretos para no desaprovechar aquellas ocasiones que le ponían como al monarca Felipe II.  Y Eugenio las aprovechaba, salía en hombros, cortaba orejas, iba y venía, toreaba y toreaba, montado en el carrusel y hasta creerse que el carrusel duraba toda una vida. Sonó la campanita y tocó apearse.

Morenito de Aranda era un niño de comunión cuando el taurino antiguo, empresario y apoderado y Carlos Zúñiga lo llevaba de acá para allá para hacerlo torero, porque el niño, lo viese quien lo viese, no podía ser otra cosa distinta a torero. Mil tentaderos, festivalitos con figuras cuando todavía era un chavea, un ciento de novilladas, la alternativa y las primeras corridas con figuras y sin dinero. Y fue el torero quien decidió bajarse de aquella noria que daba vueltas, molía trigo nunca terminaba de hornear un pan.

Y de los carruseles y las norias, al banquillo. A esperar, a ver cómo eran otros los que cogían esos viajes y a buscarse las mañas para no pudrirse. El uno, amparado en la tele de La Mancha y sus muchos festejos pueblerinos. El otro, entre la Francia y Madrid, con su refugio local en las tierras del Cid. Y así, hasta ahora que son dos tíos curtidos en técnicas batallas, que le meten mano a muchos toros y que tienen aun espíritu de torero, que suena a poco pero es mucho decir.

Eugenio de Mora, el primer error del sistema, cuajó una tarde sin macha alguna, salvo el salpicón del pinchazo al primer Valdefresno suavona y huidiza condición. Al abufalado primero lo administró con mimo, con lo imantó a la roja y de haber estado certero con el estoque ya hubiese habido premio. Pero le saltó el cuarto, con la tarde metida en barrena, y ese cuarto era un guapo Valdefresno que recordaba a aquellos melocotones de Atanasio (llegado aquí vía Javier Pérez Tabernero). A melocotón en almíbar le supo a Eugenio. La impronta, la garra y la huella ya la señaló en el capote, pasando al toro por la misma faja. Y con la muleta se tiró de rodillas con furia, con ansias, con desgarro, con tanta verdad que nadie cree a Eugenio  de soltar ni una piadosa mentira. Armó faena variada, relajando a veces, otras arrebatado y autoritario, cuando ya el viaje del melocotón era recortado. Y su espadazo de tío hecho y derecho.

También Moreno triunfó por determinación, porque su primer Valdefresno se quedó por debajo de los mínimos y él a puntito de aprovecharlo para marcar. Pero se amparó en chiqueros por demás el toro, torito, toro. Y el quinto le salió para triunfar fuerte, como hecho a medida parecía el Valdefresno, suave, rítmico, galopón. Pero se pifió rompiéndose una mano cuando tocaban a éxito. Le soltaron entonces un toraco, más que un Risco, un puerto de montaña, grande, cornalón, serísimo en formas externas e internas. Y Moreno se puso a rascar porque ahora se cree el Moreno de Aranda capaz de poner en ritmo a los de Guisando. Le armó faena, por aquí y por allá, con determinación y ambiciosa entrega, con belleza también, máxime en dos pases de pecho colosales. Y su tizona, como la del paisano Díaz de Vivar, certera.

Mientras, el mexicano Saldívar, echó una tarde para el olvido. Primero se enfangó con un vacío sobrero de los Revesado y luego no halló riendas para montar bonito al colorado Yegüesero, que pareció material propicio para los dos errores del sistema triunfadores.

Así triunfan dos errores del sistema, dos de los cientos que pudre, dos supervivientes que han logrado hacerse con otra vida. Ellos han cumplido con su parte, ahora será el sistema quien tendrá que encontrar la forma de no desperdiciar y terminar por sacar partido a sus propios errores.


FICHA
Madrid, domingo 10 de mayo de 2015. Toros de Valdefresno, dispares de presencia, de noblones primero y segundo, aunque rajados; bueno el cuarto y suave el sexto; un sobrero de Hermanos Revesado (3º bis), blando, vacío y desclasado; y otro de El Risco (5º bis), serio y de buen pitón derecho, aun con recortado viaje.
Eugenio de Mora, de fresa y oro: ovación con saludos tras aviso y oreja.
Morenito de Aranda,de nazareno y oro: ovación con saludos tras aviso y oreja.
Arturo Saldívar, de Rioja y oro: silencio en ambos.
Entrada: Tres cuartos de plaza. Morenito de Aranda fue obligado a saludar tras romperse el paseíllo. Se desmonteró tras parear al quinto David Adalid, de la cuadrilla de Morenito de Aranda.