lunes, 11 de mayo de 2015

EL SIGNIFICADO DE GONZALO

Gonzalo Caballero mata al cuarto.
Dicen que son las personas las que le dan significado al nombre, pero hay casos en los que ocurre al revés y es el nombre el que parece condenar a las personas. Gonzalo Caballero, un torero, es uno de estos tipos raros, condenado desde la inscripción en el Registro Civil. Gonzalo es solo nombre en forma masculina y significa hecho para la lucha, el combate, la pelea. La resabiada Internet explica que Gonzalo es “enigmático, impenetrable, reservado, tímido, desconfiado y secreto. Gonzalo es nervioso, aunque parezca más bien flemático. Su inquietud existencial contribuye a que dude de él y sus capacidades. Por eso a veces se refugia tras una sonrisa irónica y una actitud indiferente, reprimiendo su sensibilidad. Solitario, tiene un temperamento introvertido, proclive al cuestionamiento”. Vamos, que Gonzalo Caballero, un torero, viene condenado a ser lo que le dijeron que fuera y parece disfrutarlo. Gonzalo Caballero, un torero, oiga.

Gonzalo Caballero está hecho para la lucha, no para la convivencia organizada en clanes de cómplices compinches, que es como lo tienen los que mangonean los despachos (tres o cuatro despachos, no más) del toreo. Le prometieron la alternativa como quien promete el oro y el moro y, sin embargo, lo que le daban era gato cocinado a quien había pedido liebre. Eso es declarar la guerra para alguien que tiene asumido que se llama Gonzalo hasta las últimas consecuencias. Por eso se planta ante el toro con todo. O con nada. Allí, dejando caer todo su peso sobre los riñones y las manoletinas marcando toda su huella en la arena.

Gonzalo Caballero, un torero. Casi nada. Un torero que supo macerar la sosería del primer Parralejo, de ponerle aplomo, sinceridad, reposo, ritmo, alma y tanta verdad que llegó a prender en el frío respetable. Un témpano pone calor en los fríos tendidos, en tarde de treinta grados. Las paradojas de Madrid. Gonzalo, el hombre hecho para la lucha, venció por toreo, por la contundencia de su valor, por un final de bernadinas y la estocada. Y el presidente le negó la oreja, parecía compinchado con el enemigo.

Le quedaba el otro asalto a Gonzalo, el del todo o nada. Y se vació allí Gonzalo ante el castaño indolente del Parralejo, que ni humillaba, ni se desplazaba, ni regalaba viajes, ni decía nada, pero tenía un resquicio: dejaba entrar en su terreno a quien estuviese dispuesto a morir. Y Gonzalo lo está desde la pila bautismal. Tan dispuesto a morir estaba Gonzalo que el del Parralejo lo cogió para matarlo, inerte cayó en la arena y se repuso para arrimarse aún más y tirarse a matar sin engaño, sin muleta, de frente, por derecho, contra la testuz del toro. Y enterró la espada entera que necesitó de dos descabellos.

Un torero, Gonzalo Caballero, tan dispuesto a ser único que tal vez sea el único Gonzalo que esté dispuesto a defender lo que su nombre significa. Ser torero es elegir ser dueño de tu destino y estar dispuesto a morir siquiera por intentarlo, ser capaz de usar tu cuerpo como material efímero para saciar las necesidades del alma. Ser torero, mejor o peor, más limpio o menos, más artístico o menos, más técnico o menos, es ser lo que ha escenificado Gonzalo Caballero, un torero, oiga. Son decisiones tan fuertes las de un torero, las de este Gonzalo, que no todas las sensibilidades están dispuestas a compartirlas por eso algunos pitaron la oreja que paseó dolorido pero vencedor.

Fernando y Francisco José, los otros dos novilleros, batallaron por ser, como no. Pero con límites. El debutante Fernando Rey tuvo entre sus telas al novillo más profundo, al único enclasado del envío del Parralejo, al segundo de la tarde. Y el malagueño le hizo cosas bonitas a la verónica, cosas vistosas al galleo, cosas buenas por naturales, algunos inmensos. Pero a Fernando le hizo preso la falta de eco popular, la falta de olés, y fue ganando en velocidad su trasteo al mismo ritmo que perdía sentido. Con el otro, con el anodino quinto, volvió a apuntar sin disparar.

Francisco José, Espada es su apellido, llegaba con la vitola de sus deslumbrantes naturales de hace un año. Y tendrá que seguir usando el recuerdo, el pasado, porque el presente le resta. Pechó con el palurdón y desclasado tercero, novillo que nunca humilló y al que había que tirar de determinación para ponerle un argumento que no llegó. Con el otro, con el sexto, apretó para tirar de técnica, de recursos, de oficio y encaminar las sosas embestidas del último. Y en eso se quedó, en técnica, en oficio, en recursos.

La tarde tuvo un significado, el significado de un valiente, de un hombre hecho para la lucha, de un torero. El significado de Gonzalo, caballero.


FICHA
Madrid, 11 de mayo de 2015. Cuarta de San Isidro. Seis novillos de El Parralejo. De tipos desiguales, astifinos y ayunos de clase. Destacó el segundo, profundo y enclasado por el lado izquierdo. La ganadería tomaba antigüedad en Madrid.
Gonzalo Caballero, saludos tras petición y oreja tras aviso con protestas.
Fernando Rey, que debutaba en Las Ventas, ovación con saludos y silencio tras aviso.
Francisco José Espada, silencio en su lote.
Entrada: Menos de tres cuartos.
PARTE FACULTATIVO DE GONZALO CABALLERO.- "Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia".