lunes, 18 de mayo de 2015

DOS NOMBRES QUE ADJETIVAN

Una maravilla la distinción de Posada y un asombro la dureza del diamante Roca. Posada de Maravillas y Roca Rey, dos nombres que adjetivan su condición de toreros, dos toreros que rompen las frases hechas, las ideas pesimistas, los discursos de los agoreros, esos que dicen que ahora todos son iguales, que ahora falta personalidad, que ahora son machacones. Mienten y hasta se contradicen, porque esos mismos, a estas horas, apostarán a futuro por Roca Rey aunque esta noche sueñen con los naturales de Posada. Dos toreros que rompen esas frases de los agonías, porque no hay más que ver la actuación distinguidísima de Posada frente a un novillo de ensueño y ver, también, la sobresaliente pelea en buena lid de Roca Rey con el geniudo sexto. El uno enamoró por su presente, por lo que representó en la escena y el otro, por el futuro inmediato que se le adivina.

Una maravilla ver a Posada olvidar su cuerpo maltrecho y dejarlo torear como dormido sueña que se torea. Una maravilla la reunión, la conjunción, la fusión, el desgarro y el levitar hundido de Posada por naturales. Le había sorprendido el fino y negro cuarto en la brega de capote y le había dado una voltereta de espanto, de la que salió atolondrado por fuera y más despierto que nunca por dentro. Y con esas se fue a los medios para iniciar con la zurda, con su mano buena y sana, y propinar de salida un cartucho de pescao pasado por el filtro de los Litri, pues también recordaba al litrazo de la dinastía onubense. Y comenzó su sinfonía, su maravilla, su torear sin pensar, solo sintiendo, enroscando la humilladísima embestida a la cintura, arrastrando la mano como nadie, haciendo el toreo con el alma al aire, con el cuerpo abandonado, dejándose ir detrás, como el junco que burla honestamente la embestida del viento para seguir en pie. Era un dilema, porque Posada en sí mismo es un dilema.

Posada de Maravillas es un torero anacrónico, fuera de tiempo. Tiene cosas de torero añejo, de familia le viene. Y también es torero de tauromaquia 3.0, torero de ballet, de estética, de enorme distinción, si es que el futuro viene por ahí. Su presente, cuando se rompía por naturales, era cautivador, casi milagroso, porque nadie le creía capaz de torear tan bien cuando en el primero de la tarde se le había visto tan acelerado, frágil y, por qué no decirlo, tan mal. Posada de Maravillas atesora la personalidad que hoy se pide, distinción de torero caro, figura y solo le falta solidez para ser un torero de revolución.

Posada cortó una oreja después de volcarse a matar y no le pidieron la segunda tal vez por eso, porque la belleza de su toreo se antoja milagrosamente frágil o porque faltó una tanda aún más rotunda que terminase de reventar la embestida encelada, humillada, rítmica, larga, fija y profunda de Agachado, una hermosura del Conde de Mayalde.

Roca Rey, en un quite.
Lo del peruano es justo lo opuesto. Sólido como una roca, con mil parecidos a los toreros que ya conocemos, sobre todo a Castella, pero con una contundencia que asusta en alguien tan joven. En su primero y en los turnos de quites ofreció un recital de solvencia y variedad capotera, siempre con la firmeza de plantas presidiendo sus quehaceres, encontrando toro por aquí y por allá, resolutivo. Pero se quedó en poco toro (novillo) para tanto torero.

El serio sexto sí fue materia sobre la que ver la dimensión de Andrés Roca Rey. Y es dimensión grande en aguante, en valor, en ambición y hasta en técnica, que la tiene y supo usarla para domeñar por momentos la geniuda y asperísima embestida de Chorlito. Esa técnica la usaba Roca para gobernar, pero también para pasarse cerca al casi toro. Tan cerca, que llegó la cogida, seco derrote a la misma ingle que no le amedrantó. Al contrario, le espoleó para tirarse a matar duro y volver a cobrar, pitonazos por aquí, por allá y en mismo cuello. Casi nada. Y nada cortó, pero su tarde es aval que pone en mayor valor la puerta grande que gozó en abril.

Posada de Maravillas y Roca Rey se comieron la tarde del francés Clemente, que ni tuvo un lote claro ni claridad en las ideas para sobresalir. Maravillas y Roca, dos nombres que adjetivan.




FICHA
Madrid, 18 de mayo de 2014. Undécima de la Feria de San Isidro. Novillos de Conde de Mayalde, de muy buenas hechuras, parejos y variados de capas. Encierro falto de clase y sobrado de genio, algunos con gestos de mansear. El cuarto, el único negro y fino de cabos, sí derrochó clase, viaje y duración. El resto, a menos.
Posada de Maravillas, de nazareno y oro: silencio y oreja.
Clemente, de grana y oro: silencio en su lote.
Andrés Roca Rey, de salmón y oro, palmas y saludos tras aviso.
Entrada: 18.000 espectadores.