jueves, 5 de junio de 2014

LA PUERTA GRANDE DE LUQUE, LA PUERTA GRANDE DE TODOS

Natural de Luque al gran tercero / Foto: LAS-VENTAS.COM
Por Javier Hernández - @javihernandez76

Eran las diez menos veinte de la noche y Daniel Luque salía honrosamente por la Puerta Grande de Madrid. La empresa había puesto a un operario allí, todo el día aplicando grasa, a las bisagras, a las cerraduras, que no quedase ni una, todo hecho, dispuesto y predispuesto para que no se resistiese lo más mínimo. La puerta, engrasada. La corrida, en Madrid aunque no pareciese de Madrid y aprobada, en Madrid, aunque fuese como las que nunca se aprueban en Madrid. Así es como debe ser, que se note que las empresas trabajan por el triunfo de los toreros, por el éxito del espectáculo o, como en este caso, por el mero hecho de relanzar una de sus principales fuentes de ingresos, que viven horas bajas.


La extraordinaria corrida de toros que El Puerto de San Lorenzo ha lidiado en la plaza de Las Ventas de Madrid marca un antes y un después. Seis toros bajos, guapos, normales, tan normales que ni llamaban la atención. De uno en uno iban saliendo los guapos toros y la plaza aceptándolos, sin protestas, sin iras del séptimo tendido, porque la plaza hoy ha comprendido, como arte de magia, que las corridas deben de ser normales, como las de Santander o Badajoz, para que haya más posibilidades de éxito. Todo parecía bajo control para el triunfo de una de las principales fuentes de ingresos de las empresas.

Y llegó el triunfo de uno de los toreros, de esos toreros que le sirven a las empresas para hacer cambio de cromos, para abaratar el mercado (que no las entradas), para colar esos cromos entre las figuras y crear productos de mediano interés que provoquen un tapón en la puerta de salida de nuevos valores dispuestos a no ser cromos. Lógicamente, el triunfo del torero más puesto de los tres llegó, porque esta vez sí se había trabajado para ello. Si las empresas llegan a llevar a tres toreros puestos de verdad en lugar de apoderar a dos caducos y a uno puesto, hoy se hubiesen ido tres tíos y un ganadero por la calle de Alcalá, como en los viejos y gloriosos tiempos de Puerta, Camino y El Viti o El Cordobés y dos más.

Padilla, por ejemplo, le dio mil pases al sobrero primero, sustituto de un toro flojo. Mil pases manufacturados generalmente con la diestra a ritmo de uno y otro, dos más y el de pecho. El toro, noble, obediente, que estaba en Madrid, aprobado en Madrid y sin parecer toro de Madrid, embestía sin empleo en los finales. Como el cuarto, toro de buen cuerpo y corta cara, como el toro que preparan las figuras y casi siempre se lo rechazan. La cara de Pitito era de esas caras que se suelen protestar en el séptimo tendido y que esta vez fue aceptada y acatada como si alguien se lo hubiese pedido con clemencia y modos adecuados. Padilla lo disfrutó banderilleando y lo pasó derecheando, izquierdeando, pasepecheando entre la tibieza general. Parecía Pitito otro toro justo de raza y empleo hasta que Padilla dejó de izquierdear y le puso la muleta en tres redondos finales que el toro tomó por abajo con gran estilo. Era tarde y el producto de la empresa no estaba lo suficientemente preparado como para triunfar en Madrid, pero sí para cumplir con el papel como mandan los reglamentos.

El Cid también tuvo dos toros de triunfo gordo. Uno primero que se tropezaba, que le dolían las manos y que humillaba con primor. Las ganas de pelea y coger muleta del primer toro de Cid le hicieron olvidar su dolor de manos, lo equilibró Cid, lo ayudó y cuando hubo de reventarlo a torear por abajo cosido y bien templado, fue el toro el que toreó a Cid. Para colmo, marró a espadas.

Al quinto de la tarde, gran toro, de gran estilo, de gran humillación, de ritmo, le pusieron una puya en el mismo pico de la paletilla en ese sitio donde los toros dejan de ser toros y la sangre mana como en los chorros de Cibeles. Por eso el gran Langosto II pareció irse a menos y murió casi entre la indiferencia general, idéntica indiferencia con la que este San Isidro sentencia a Cid.

El joven Daniel Luque sí aprovechó el trabajo de todos en pro del triunfo. Luque es un torero que apunta tener todas las condiciones para funcionar. Parece tener valor; parece tener temple; parece tener imagen; parece tener espada, parece tener facilidad… Y en ese parece lleva sus años por las ferias de la mano de las empresas, funcionando sin romper moldes, pereciendo. Y esta vez, con todo a favor, con dos toros de buena compostura, con uno primero alegre, obediente, emotivo, que tuvo su empleo, Luque se reconcilió con Madrid y se vio capaz de ser aquel joven torero con ganas de comerse el mundo. Le cortó una oreja tras una faena plagada de recortes, de remates, de un par de naturales, de mucha imagen bonita y bien resuelta.

La otra oreja la sumó con un toro de buena pasta, de buen aire, de temple y cierto ritmo, sin demasiado fondo, con ese toro medio al que hay que ponerle alma o gracia para que los públicos compren. Y Madrid compró otra faena bien armada y también resuelta con numerosos recortes y trincheras, además de con un pinchazo y estocada.

Así se abrió una tarde más la puerta grande. Una puerta grande de Madrid que esta vez fue trabajada por todos. Primero por el gran juego de la corrida de toros de Puerto de San Lorenzo, una corrida de toros que embistió en Madrid como no suelen embestir en Madrid, con tipo de no estar en Madrid, lidiada bajo un respeto inusual en Madrid, aprobada con un criterio poco habitual en Madrid y bajo un ambiente de amabilidad poco habitual en Madrid. Qué bonito final para una tarde de Madrid, qué bien acaban las cosas en Madrid cuando Madrid no parece Madrid. ¿Qué sería del toreo si Madrid fuese como hoy ha sido Madrid? El triunfo de Luque es suyo pero también es el triunfo de todos. Enhorabuena a todos por ser tan buenos… hoy.





FICHA
Plaza de toros Las Ventas de Madrid. 27ª de San Isidro 2014. Toros de Puerto de San Lorenzo, el 1º sobrero de otro flojo. Corrida de armónicas hechuras, de las que no se suelen ver en Las Ventas y muy pareja. Destacó la clase de los corridos en 2º, 5º (muy sangrado y venido a menos) y 6º y la emotividad y el buen estilo que derrochó el 3º. Nobles los otros dos.
Juan José Padilla (nazareno y oro con remates negros), silencio en su lote.
El Cid (esmeralda y oro), palmas y silencio.
Daniel Luque (nazareno y oro), oreja y oreja.
Entrada: Más de tres cuartos, en tarde espléndida con algo de viento.
PARTE MÉDICO DE JOSÉ MIGUEL NEIRO (pitonazo al parear al sexto).- Traumatismo parrilla costal derecha pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia.