martes, 2 de diciembre de 2014

PAGÉS QUIERE GUERRA

Morante de la Puebla en Las Ventas. Foto: Joserra Lozano
Transparente, como su toreo. Que está triste, su toreo es triste. Que está alegre, su toreo es alegre. Así es Morante, con su camisa de lentejuelas, sus lentejuelas, las pelambreras y el puro, natural. Y habla natural, sin tapujos y diciendo para el que quiera entender, susurrando, sin la necesidad de gritar. Morante habló con Federico Arnás y dijo, natural, que lo de Sevilla se tiene que arreglar. Pero han pasado cuatro días, cuatro días ya, y la empresa Pagés y sus maestrantes siguen en el limbo o en la parra. O es que quieren la guerra. Pagés ha visto, ha intuido que los toreros se mueren por torear en Sevilla y van a seguir riéndose de ellos, uno fumando y los pies sobre la mesa del despacho y el otro mirando la acción por encima del hombro.

Dejemos el ego. Pidan disculpas, sugirió Morante. Y han pasado cuatro días y tres noches. Morante, susurro va y susurro viene, dijo que mató los seis de Ronda en septiembre (anunciado en julio) de 2013 porque veía venir lo de Sevilla 2014. Y esto es hablar clarito si se quiere entender clarito.

Morante, susurro va y susurro viene, le dijo a Madrid y a su empresa que torear como torea Morante no se puede hacer en una cuesta, que es lo que es el ruedo de Las Ventas. Y sonó como aviso para navegantes. Morante le ha gritado a Taurodelta que si quieren que Madrid vea a Morante ya pueden ir arreglando el ruedo y se dejen de pamplinas, que en 2013 se plantó allí con una excavadora que pagó el sevillano de su bolsillo. Hay que entender a Morante. Fernando Alonso no corre en carretera de baches, ni Marc Márquez, ni Messi juega en campo con hoyos.

También Morante habló del futuro, de los novilleros. Y gritó Morante que así, como se está haciendo, no va la cosa bien. Así los novilleros tienen que aprender a sobrevivir, a arrancar orejas a darse mañas para que su nombre siga sonando pero así, con este novillo tan toro y para esos toreros tan nuevos es jugar a hacer las cosas al revés y tratar de conseguir lo imposible.

“Parece que todo tiene que ser al más difícil todavía”, dijo. Como los trapecistas en el circo. Y es que es mucho más sencillo y barato buscar el más difícil todavía que la excelencia como norma y objetivo.

Han pasado cuatro días desde que Morante susurró a grito pelado y Pagés sigue callada. Está claro que Pagés quiere la guerra, le interesa la guerra, gana en la guerra, cada día que va a un torero a Tendido Cero queda más que claro que quieren torear en Sevilla y cada día que va un torero a Tendido Cero esos toreros le ponen las cosas más baratas a Canorea y su cuñado.

Vuelvan a escuchar la entrevista de Morante. Entre susurros, el de La Puebla grita que si se hacen las cosas por su sitio es Sevilla el escenario idóneo para que Morante se encierre con seis, grita susurrando que se puede soñar con ello. Pero han pasado cuatro días y Canorea ha salido a gritar perdón. Y eso no cabe en la cabeza de los aficionados, que estarían dispuestos a ser lapidados públicamente con tal de ver a Morante con cruzar pisar La Maestranza.



EL SUEÑO DE GARFIAS
En los desvelos semanales está la cita del domingo noche con La México, esta vez monólogo del tosco Zotoluco en ejercicio de honestidad machacona. Y se vuelve a poner de manifiesto que lo difícil es ser realmente bueno. Zotoluco se ha mostrado mil veces valiente; otras mil veces, lidiador; mil y muchas veces como torero corajudo y de moral infranqueable. Pero salió el toro de Garfias, el toro para torear como se sueña que se hace el toreo, el toro que se engancha humillado a los vuelos de la muleta y se queda allí encelado, rítmico, siguiendo la tela hasta el final y sin perderla nunca. 

Y con ese toro de ensueño Zotoluco no dijo nada. No se trata de decir lo que es capaz de hacer o no Zotoluco, que ya todo el mundo lo sabe, sino de poner de manifiesto que lo verdaderamente épico en el toreo es conmover por lo que el torero es capaz de emitir desde su interior. Dibujó el torero naturales, muchos, limpios, ligados, largos y fríos. Y el arte, si es arte, no puede ser frío, sino caliente y conmovedor.

Ese toro de Garfias no sale en España, en la cuna del toro bravo. Aquí somos de galope, que corra el toro a toda mecha veinte o treinta veces, cuarenta a poder ser, y el torero se quede quieto y estoico. Aquí somos de lo que nos han inculcado los que se han encargado de inculcar en los últimos 50 años. Allí el que inculcaba, el último en inculcar (educar, diría yo) se llamaba Pepe Alameda y hallen ahí muchas de las causas y consecuencias de lo que sucede de un lado y otro del charco. Porque Pepe Alameda no fue a inculcar a Colombia. Ni a Ecuador… ¡Qué gozada el toro de Garfias!